Que no nos callen...

jueves, 2 de junio de 2011

Estas últimas semanas hemos podido ver como multitud de gente salía a la calle a protestar contra la clase política, contra las enormes diferencias entre quien tiene y quien no tiene, etc. Esta proclamación de ideas y pensamientos contra el sistema actual ha llegado a desatar una reacción violenta en Barcelona, lo que demuestra el desagrado de los que están en el poder ante esta forma de pensar, que no se compone de una única idea ni de un único colectivo, sino que este movimiento de autoproclamados “indignados” está formado por una inmensa variedad de personas, cada cual con su propia forma de pensar. Pues éste movimiento es la unión de toda la gente cansada ya de tanta desigualdad.


Podemos comprobar el miedo que provoca que este movimiento “contagie” a más gente. No sólo se ve en la contundente represión policial del pasado 27 de mayo. Hace poco el pueblo islandés decidió derrocar a su gobierno y cortar con los bancos, a los cuales acusaban de haberlos sumergido en la crisis (y no les falta razón), y obligar a éstos a pagar la crisis, pues el pueblo se niega a pagar por lo que ellos no han causado. Y en nuestros queridos medios de comunicación ni una sola noticia acerca de lo que ha ocurrido en Islandia. ¿Acaso la noticia es de poca importancia? ¿O hay miedo de que en más países ocurra lo mismo y la gente, cansada de pagar los errores de nuestro sistema económico, decida acabar con todo y crear un sistema más justo e igualitario?


Desde luego no quieren que pensemos, al menos por nosostros mismos. Para poder mantener el sistema actual y seguir disfrutando de sus privilegios, los ricos y la clase política intentan cotrolar todo lo que esté a su alcance para evitar que la gente despierte. Los medios, la justicia, las autoridades, y multitud de formas de coaccionarnos, ocultarnos información y mentirnos. Simpre intentarán inculcarnos sus ideas, hacernos pensar que es lo bueno, que velan por nuestro bien. Los dirigentes de los países ricos, las grandes multinacionales, las farmacéuticas (sí, merecen una mención a parte...) tienen montado un sistema en el que cada vez tienen más y tienen todas las de ganar. Pero esta situación es insostenible. Cuanto más tienen ellos menos tien el pueblo. Volvemos a perder derechos. Cualquier atrocidad viene justificada de serie si permite aumentar ingresos. Hemos llegado a un punto en el que poco falta para que no signifiquemos nada.


Por eso tenemos que salir a la calle y demostrar que sabemos pensar, utilizar todos los medios posibles para hacernos oir y no dejarnos intimidar por aquellos que nos prefieren dóciles y obedientes. Nos responderán de mala manera, ya han empezado a hacerlo, pero podemos enseñarles que somos mejores que ellos y que no nos hace falta recurrir a la violencia para conseguir lo que queremos. Lo único que tenemos que hacer es empezar a pensar, desconectar del sistema para darnos cuenta de que esto no es lo que queremos, que queremos igualdad de condiciones para todo el mundo y no una pseudolibertad, sino una libertad de verdad. Que si le llaman democracia lo sea de verdad, que haga honor a su definición, que todas las ideas tengan cabida. Parémonos a pensar si estamos contentos con el mundo en el que vivimos, si hay algún aspecto que pueda mejorar, que podamos mejorar. Si creemos en un mundo mejor luchemos por él, defendamos nuestros ideales y nuestra forma de pensar, que no nos censuren. Hagámonos oir, alcemos la voz para que nos oigan las mentes adormecidas por el conformismo y el pasotismo social, intentemos convencer al resto de la sociedad, intentemos que crezca este movimiento, que crezca el número de indignados. Demostrémosles a los de arriba que no tienen derecho a callarnos y que no les queremos para que busquen su beneficio propio, que así no nos representan. Que queremos políticos que representen de verdad la forma de pensar del pueblo y que trabajen para mejorar la sociedad y no convertirla en la granja de explotación de las grandes empresas. La gente ya ha empezado a salir a la calle, no seamos menos e intentemos con todo lo que tengamos a nuestro alcance ayudar a la causa. Todos tenemos algo que aportar, y cualquier aportación es buena. No tenemos nada que perder.



¡Que no nos callen ni nos repriman! ¡Sumémonos a la revolución pacífica e intentemos cambiar el mundo!